Carta del Obispo — Primavera de 2026
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
El Misterio Pascual: Hemos estado celebrando los grandes y sagrados misterios de Cristo durante estos Tiempos de Cuaresma y Pascua- el propio sufrimiento, muerte y resurrección de Jesucristo, el llamado Misterio Pascual. En este misterio central de nuestra fe Cristiana, no solo recordamos y celebramos el misterio de la intervención amorosa y sacrificial de Dios en la historia humana, sino que, de hecho, participamos y entramos sacramentalmente (y espiritualmente) en este misterio.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
El Misterio Pascual: Hemos estado celebrando los grandes y sagrados misterios de Cristo durante estos Tiempos de Cuaresma y Pascua- el propio sufrimiento, muerte y resurrección de Jesucristo, el llamado Misterio Pascual. En este misterio central de nuestra fe Cristiana, no solo recordamos y celebramos el misterio de la intervención amorosa y sacrificial de Dios en la historia humana, sino que, de hecho, participamos y entramos sacramentalmente (y espiritualmente) en este misterio.
Cuando estemos en la presencia de Dios en el cielo, no solo veremos y seremos testigos de la presencia de Dios, sino también de los ángeles y los santos. ¡Estaremos entre ellos porque el Misterio Pascual de Cristo habrá transformado por completo nuestra mente, nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo! Por ello, somos invitados - incluso ahora- a comenzar esa transformación en esta vida.
Creo que Dios nos llama a cada uno individualmente, y a todos en conjunto, a una renovación espiritual, a medida que nos acercamos y nos preparamos para el 50º aniversario de la Diócesis de San José en el año 2031. La renovación espiritual no solo nos prepara para nuestro aniversario de oro, sino que también nos posiciona para poder invitar a otros - de manera genuina y gozosa- a explorar y responder a esta maravillosa invitación del Señor Jesús: ¡una invitación a la amistad, al amor y la aceptación, a la sanación y el perdón, y a una vida eterna de amor, verdad y belleza!
Gratitud: Muchos en nuestra diócesis han adoptado la práctica de la gratitud durante el Tiempo de Cuaresma, una práctica espiritual loable. En esta disciplina espiritual, muchos han traído a la memoria las diversas formas - grandes y sencillas- en las que Dios los ha bendecido. Deseo ejercitar ahora esta disciplina junto con ustedes.
Estoy agradecido por todos aquellos con quienes tengo la bendición de llevar a cabo la misión de la Iglesia en la Diócesis de San José:
- nuestros sacerdotes dedicados y llenos de fe, con quienes tengo la bendición de colaborar regularmente;
- las mujeres y hombres religiosos, que han realizado y continúan realizando una maravillosa labor pastoral en la diócesis y que rezan por nosotros a diario;
- nuestros maravillosos y sabios diáconos y sus esposas; sus espíritus juveniles y su alegre energía me hacen sentir más joven;
- las mujeres y hombres laicos trabajadores que, a través de sus ministerios amorosos y, a veces, silenciosos, ayudan a que nuestras comunidades florezcan;
- los ministros de pastoral juvenil, entusiastos y comprometidos, que aman y acompañan a nuestros jóvenes católicos en sus caminos espirituales;
- las madres y los padres que aman, viven la fe y nos dan ejemplo de un cuidado extraordinariamente dedicado hacia sus familias, la Iglesia doméstica;
- aquellos que se encuentran en sus años de oro, que rezan por la Iglesia y por el mundo, y que nos honran con su sabiduría y su resiliente experiencia de vida;
- aquellos dedicados a enseñar y acompañar a nuestros niños y jóvenes en las escuelas Católicas, los programas catequéticos y los ministerios juveniles;
- nuestros adultos jóvenes - inteligentes y fieles- que nos ayudan con energía a construir un programa coherente de acompañamiento a los adultos jóvenes en su movilida y en sus transiciones de la vida, laborales y familiares, y que nos ayudan a conectarnos entre nosotros y con Cristo;
- aquellos que sostienen ministerios espiritualmente enriquecedores en nuestros movimientos eclesiales, ¡asegurando que las personas encuentren a un Cristo Jesús personal, amoroso y resucitado en sus vidas!
También estoy agradecido por todos y cada uno de aquellos que tal vez se sientan alejados de la Iglesia, pero que buscan en su vida y en su corazón la verdad, la claridad y el sentido de la vida- ¡que su búsqueda los conduzca a un Dios amoroso y fiel!
Propongámonos todos practicar la gratitud- ¡pues Dios es verdaderamente bueno, todo el tiempo!
Obispo Oscar Cantú
