| Por El Obispo Oscar Cantú

Renovación en la Adoración

Comprender y Apreciar la Acción Sagrada y Redentora de Dios En la Liturgia de la Iglesia

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

La Adoración es una de las seis áreas de enfoque de nuestro Plan Pastoral, Renovados en Cristo, Juntos en la Misión. A partir de la Cuaresma de este año, la Diócesis de San José emprenderá un camino de renovación espiritual en nuestra celebración litúrgica comunitaria. Los invito a abrir sus corazones y mentes a la catequesis que se impartirá a través de las homilías, los avisos verbales, los boletines informativos y otras oportunidades de formación, para que todos podamos apreciar más profundamente los ricos tesoros del amor, la presencia y la acción salvadora de Dios que Jesucristo nos dejó en la liturgia de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía.

La liturgia es un lugar y un momento privilegiado para encontrarse con Dios, para recordar Su presencia amorosa y compasiva a lo largo de la historia, y para maravillarse y celebrar su presencia entre nosotros incluso ahora, especialmente cuando convoca a su Iglesia a la adoración.

Dios, por supuesto, no limita su presencia, amor y gracia a la adoración comunitaria en la liturgia. Él está presente en cada persona, llamándonos siempre a la amistad con Él y a seguirlo. Si bien es importante reconocer y cultivar nuestra atención a Dios y nuestra relación personal con Él, también es como miembros de su cuerpo, es decir, la Iglesia, que encontramos nuestro lugar y misión en el mundo (cf. 1 Corintios 12:12). Del mismo modo, en la adoración, junto con nuestros hermanos y hermanas de nuestra comunidad eclesial, encontramos nuestra expresión más plena y auténtica como seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios.

A lo largo de varios meses, nuestras parroquias, sacerdotes, diáconos y líderes laicos presentarán diversas oportunidades para profundizar nuestra comprensión y aprecio por la profundidad y la maravilla del Misterio Pascual de Jesús (su sufrimiento, muerte y resurrección), tal como se celebra en la liturgia, que ofrece a la humanidad la comunión con Dios y la esperanza de la vida eterna.

Recientemente estuve leyendo una serie de artículos y presentaciones del gran teólogo del siglo veinte, Romano Guardini (1885-1968), sobre formación litúrgica. Él afirma lo siguiente:

“[el] Espíritu Santo ha impreso su sello en nuestras almas y ha transformado nuestros cuerpos en su templo; él conoce nuestra esencia mejor que nosotros mismos. Las formas de expresión que nos enseña son profundamente formativas. Debemos asimilarlas, incluso si no se corresponden con nuestros sentimientos...” (Liturgia y Formación Litúrgica, pág. 72; énfasis mío).

Guardini subraya que la liturgia no es solo un culto comunitario, sino un acontecimiento eclesial, es decir, un evento en el que Dios es el protagonista, que convoca a su pueblo y lo invita al misterio de su amor y salvación. Cabe destacar que Guardini influyó profundamente en el Papa Francisco y fue mentor del Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) en sus primeros años.

Cuanto mejor comprendamos lo que sucede en la liturgia, más podremos apreciarla y, por lo tanto, participar en ella de manera más significativa. El Papa Francisco, hace tan solo unos años, escribió un importante documento, Desiderio Desideravi, sobre la liturgia, haciendo especial hincapié en la importancia de la formación litúrgica. Comparto plenamente la opinión del Papa Francisco.

Una de las frases que se repitió varias veces en el documento del Concilio Vaticano II sobre la liturgia fue “participación plena, activa y consciente.” La Iglesia determinó que es fundamental que quienes participan en la liturgia se involucren activamente en lo que está sucediendo.

Desafortunadamente, la “participación plena, activa y consciente” a menudo se entiende como realizar muchas actividades, estar físicamente (y por supuesto, espiritualmente) activo en los ministerios litúrgicos.

Si bien los ministerios litúrgicos (como los lectores, los acólitos, los ministros de bienvenida, los sacristanes y los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión) son sumamente importantes para una liturgia hermosa y reverente, es fundamental que todos los participantes en la asamblea litúrgica participen con una profunda apreciación del misterio sagrado al que Dios nos invita a entrar a través de la liturgia.

Podemos lograrlo preparando nuestros corazones y mentes antes de asistir a Misa, repasando las lecturas y reflexionando sobre lo que ofreceremos a Dios en acción de gracias y petición, y durante la Misa, prestando atención a las palabras y acciones de la celebración, respondiendo y cantando.

Por lo tanto, los invito a abrir nuestros corazones a medida que comenzamos a apreciar con mayor profundidad de los misterios sagrados y redentores que celebramos en la liturgia, en particular la Eucaristía.

Obispo Oscar Cantú