| Por El Obispo Oscar Cantú

¡Renovados en Cristo!

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

Hay una cierta frase de las Escrituras que infunde en mí una profunda esperanza; proviene del Salmo 104: “Señor, envía tu Espíritu y renovarás la faz de la tierra.” Esto me reconforta porque, al igual que muchas otras personas, percibo una profunda necesidad de renovación en nuestro mundo. Me alienta saber que esta Escritura nos asegura que Dios no solo tiene el poder de renovar el mundo, sino que también desea su renovación y trabaja para lograrla.

Tengo una rutina matutina: leo los periódicos; tras hacerlo, suelo sentir una profunda necesidad de orar, y así lo hago- dedico tiempo a la oración antes de continuar con mis citas y obligaciones diarias. Oro para obtener claridad y ver el mundo como Dios lo ve- una visión impregnada de esperanza, en la que Cristo ya ha redimido al mundo.

Leer las noticias a diario no suele ser alentador. Soy consciente de que los medios de comunicación tienden a informar más sobre las malas noticias que sobre las buenas. Aun así, cada día percibo cuánto necesita el mundo una renovación. Y rezo por esa renovación: primero por mi propia renovación (en actitud y espíritu), luego por la renovación de nuestra diócesis al acercarnos a nuestro 50º aniversario y, finalmente, por la renovación del mundo- para que elijamos la paz en lugar del conflicto, el diálogo en lugar de la demonización y la esperanza en lugar del pesimismo.

La Biblia es una historia de renovación constante iniciada por Dios. Dios expresó su deseo de renovar la tierra a través de Noé. Mediante la alianza con los Israelitas, Dios manifestó su voluntad de renovar el mundo a través de ellos, constituyéndolos la “luz de las naciones.” En la época de los Jueces del Antiguo Testamento, observamos un patrón: mientras el pueblo de Dios le permanecía fiel, todo marchaba bien; cuando se apartaban de los mandamientos del Señor, su situación volvía al caos, lo que los llevaba a clamar al Señor, quien respondía llamándolos a renovar su compromiso y su fidelidad a la alianza. Así se restablecía el orden. Este patrón es también emblemático de nuestra propia relación con el Señor.

Nuestras relaciones a menudo atraviesan altibajos, momentos de mayor compromiso y otros de distracción. Incluso nuestra biología está estructurada de tal manera que requiere una renovación nocturna, ya que el sueño restaura nuestro cuerpo, nuestra psique e incluso nuestro espíritu.

Espero que el verano haya sido un tiempo de renovación para ustedes, al compartir con sus seres queridos y sus familias. Dedicar tiempo a fortalecer estas relaciones es esencial para nuestro bienestar general. Todos necesitamos renovarnos en mente, cuerpo y espíritu. San Pablo dice: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto” (Rom. 12, 2).

Al mismo tiempo que experimentamos la renovación, debemos tener presentes a quienes tienen pocas o ninguna oportunidad de disfrutar de la renovación. Oramos de manera especial por quienes viven bajo la agonía de la guerra, con una ansiedad constante ante la amenaza de la violencia y la destrucción. Oramos por la renovación y protección de aquellos que viven bajo la amenaza incesante de hostigamiento, detención o deportación debido al color de su piel o su acento; por quienes sufren los estragos de la pobreza, careciendo de la privacidad, la propiedad o las oportunidades educativas acordes con su dignidad humana; y por aquellos que viven sin esperanza- ya sea a causa de experiencias personales traumáticas, enfermedades mentales o por no haber experimentado la bondad humana.

Jesucristo declara: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5). Dios renueva el mundo, incluyéndonos a nosotros mismos. Cuando somos renovados, ¡trabajemos por la renovación de quienes nos rodean!

Obispo Oscar Cantú