Retomando la Encíclica del Papa Francisco Fratelli Tutti
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
De vez en cuando lamento que el tiempo pase tan rápido, porque eso hace que algunos acontecimientos, momentos o personas no lleguen a dejar en mí la huella que merecen, ni les dedique el tiempo y la atención necesarios para apreciarlos debidamente. Algo así me sucedió con la publicación de Fratelli Tutti (“Hermanos Todos”), del Papa Francisco. La encíclica se publicó en 2020, cuando estábamos viviendo el momento más intenso de la pandemia mundial y todavía no contábamos con una vacuna. Lo que pensábamos que duraría apenas unas semanas ya se había prolongado durante varios meses. Se acercaba el invierno y, por ello, esperábamos que aumentaran los contagios de Covid-19. Además, se acercaban las elecciones nacionales. Todos estábamos muy ocupados y preocupados por lo que estaba sucediendo, y muchos de nosotros no prestamos suficiente atención a la publicación de Fratelli Tutti.
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
De vez en cuando lamento que el tiempo pase tan rápido, porque eso hace que algunos acontecimientos, momentos o personas no lleguen a dejar en mí la huella que merecen, ni les dedique el tiempo y la atención necesarios para apreciarlos debidamente. Algo así me sucedió con la publicación de Fratelli Tutti (“Hermanos Todos”), del Papa Francisco. La encíclica se publicó en 2020, cuando estábamos viviendo el momento más intenso de la pandemia mundial y todavía no contábamos con una vacuna. Lo que pensábamos que duraría apenas unas semanas ya se había prolongado durante varios meses. Se acercaba el invierno y, por ello, esperábamos que aumentaran los contagios de Covid-19. Además, se acercaban las elecciones nacionales. Todos estábamos muy ocupados y preocupados por lo que estaba sucediendo, y muchos de nosotros no prestamos suficiente atención a la publicación de Fratelli Tutti.
La carta encíclica del Papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social es una verdadera joya, y su mensaje es hoy más relevante que nunca. Creo que volver a ella puede ayudarnos a alimentar nuestras conciencias, sobre todo ahora que estamos cada vez más cansados de las guerras, de la polarización social y de los obstáculos que parecen impedir nuestros esfuerzos por dialogar. En Fratelli Tutti, Francisco nos invitó a construir una política de un tipo diferente, una política mejor, en la que la dignidad de cada persona y el bien común estén en el centro.
El Papa Francisco nos recordó que la humanidad es también una familia humana, que nos necesitamos unos a otros, que dependemos unos de otros y que debemos cuidarnos mutuamente. Como pastor universal, nos recordó la parábola de Jesús sobre el Buen Samaritano, en la que el héroe inesperado termina siendo un enemigo declarado. Esto nos lleva a cuestionar y replantear nuestras propias alianzas. Nos ayudó a imaginar - y a desear - sociedades sanas, construidas sobre relaciones de respeto mutuo y preocupación por el bien común. Nos enseñó que el diálogo auténtico es necesario tanto para el pleno desarrollo de cada persona como para el desarrollo de nuestras sociedades.
El Papa Francisco lamentó que, en un mundo que avanza a un ritmo cada vez más acelerado y que está tan enfocado en el desarrollo y las ganancias, hayamos creado sin darnos cuenta una cultura del descarte, que deja de lado a los pobres, a los adultos mayores, a los migrantes, a los niños por nacer y a otras personas vulnerables. Son precisamente ellos con quienes Jesús se identificó (cf. Mt 25), y por quienes nos pide tener un cuidado y una atención especiales.
En los primeros párrafos, el Papa Francisco señala, “En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada” (FT 30). El llamado del Papa Francisco a hacer un examen de conciencia a nivel mundial sigue siendo muy oportuno. ¿Nos hemos vuelto indiferentes ante el sufrimiento de quienes viven en las periferias? La reflexión del Santo Padre sobre la parábola del Buen Samaritano nos recuerda también que tenemos el deber moral de cuidarnos unos a otros, especialmente a quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad. Este llamado nos invita a preguntarnos si hay alguna manera en que podamos involucrarnos en la labor de organizaciones sociales, como Catholic Charities, a nivel local o nacional, o Catholic Relief Services, a nivel internacional, para acercarnos a quienes sufren con compasión y humanidad.
Con el lenguaje colorido que lo caracterizaba, el Papa Francisco señaló cierto autoengaño que se ha ido produciendo en esta era digital. Observó que “nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad” (FT 33). Con frecuencia damos mayor importancia a lo cuantitativo que a lo cualitativo en nuestras relaciones, especialmente durante las últimas décadas. La vida humana no puede vivirse de manera superficial; la realización plena de la persona requiere de la amistad- una amistad verdadera, cercana y humana, que sabe escuchar, que se preocupa por el otro y que dedica tiempo, sin apresurarse para atender otros asuntos que considera más importantes.
Esto nos invita a preguntarnos: “¿Dedicamos tiempo a la amistad, a escuchar, a cuidar de los demás, especialmente de los marginados?”. En relación con esto, el Papa Francisco aborda el tema de la amabilidad; no una amabilidad ingenua o superficial, sino aquella que es fruto del Espíritu Santo (Gál 5, 22) y que aporta a nuestras experiencias no solo un toque humano, sino también divino. Él afirma que “la amabilidad nos libera de la crueldad que a veces penetra en las relaciones humanas” (FT 224).
El diálogo fue un rasgo que, en muchos sentidos, definió al Papa Francisco: lo practicaba y animaba al mundo a hacerlo. Señalaba que “algunos intentan huir de la realidad refugiándose en su propio mundo; otros reaccionan ante ella con violencia destructiva. Sin embargo, “entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta hay siempre otra opción posible: la del diálogo” (FT 199). A diferencia de lo que a menudo presenciamos en el discurso público actual —que muchas veces degenera en un “intercambio febril de opiniones que acaba resonando simplemente como «monólogos paralelos” (FT 200) —, el verdadero diálogo implica un “encuentro generoso con los demás... una búsqueda honesta de la verdad plena, ...el servicio, ...la cercanía a los desfavorecidos y la promoción del bien común” (FT 205).
Si bien hay muchos otros temas que explorar en este rico documento, concluyo con el enfoque de Francisco sobre la solidaridad y el servicio. La solidaridad, dice, “encuentra su expresión concreta en el servicio” (FT 115). La solidaridad comienza cuando nos permitimos sentirnos unidos a la humanidad que sufre. Este deseo de solidaridad debe conducir a la acción. Es el servicio lo que cambia el mundo. El amor cambia el mundo, aportando un propósito divino a la humanidad. ¿Utilizamos nuestros dones de tiempo y talento para hacer del mundo un lugar mejor? ¿Ayudamos de alguna manera a aliviar el sufrimiento de otra persona mediante nuestro tiempo y esfuerzo? Francisco nos recuerda: “El servicio nunca es ideológico, ya que no servimos a ideas, sino a personas” (FT 115). Al comenzar la temporada navideña, reflexionemos sobre algunos de los valores que el Papa Francisco nos presentó en Fratelli Tutti, para que podamos llegar a ser verdaderos prójimos los unos de los otros; sí, verdaderos hermanos y hermanas de la única familia humana creada por Dios.
Obispo Oscar Cantú
