| Por Marissa Nichols

Un Siglo en el Corazón de San José

El Legado Vivo de Fe y Servicio de la Comunidad de la Escuela San Patricio

Cualquier día, un visitante de la Escuela San Patricio puede encontrarse con una cálida bienvenida y ser guiado por su edificio de dos pisos de estilo neogótico por sus más fervientes defensores: sus propios alumnos.

Parejas de estudiantes embajadores, bien informados sobre la historia y la misión de la escuela, señalan fotografías enmarcadas de eventos pasados y actuales, como recitales de música y proyectos de servicio. También se detienen con respeto ante los carteles que muestran los principios de la espiritualidad Vicentina de las Hijas de la Caridad, quienes han dirigido la escuela durante los últimos cuarenta años.

Hablan con convicción: “Ser una escuela Vicentina significa que no solo aprendemos sobre el servicio, sino que lo practicamos. Es nuestra manera de mostrar el amor de Dios a quienes lo necesitan,” compartió una alumna. Su compañera añadió, “Las Hijas de la Caridad nos enseñan que todas las personas tienen dignidad; intentamos vivirlo cada día.” Estas declaraciones reflejan el carisma —término que se refiere a la misión única que caracteriza a una orden religiosa— de los Vicentinos, que impregna toda la escuela.

Las paredes de San Patricio con paneles narran la historia de un siglo de promociones de graduados, y ahora cuelgan junto a llamativas pancartas de vinilo que invitan a las familias interesadas a reuniones y a seguir sus cuentas en las redes sociales. Cien años después de su fundación, todo esto nos recuerda que la escuela es, y siempre será, una institución volcada en el servicio a la comunidad, un legado de la unión de su comunidad en el corazón de Silicon Valley.

Ancla de la Fe Para los Creyentes en el Centro de San José

Para la Hermana Fran Ciluaga, de las Hijas de la Caridad, “Los alumnos de San Patricio son maravillosos y es un placer estar con ellos a diario.” Compartió, “Me emociona escuchar a nuestros alumnos hablar de ser Vicentinos y de lo que eso significa: que han desarrollado un corazón dispuesto a servir a los necesitados.” Su esperanza refleja la misión de la escuela de formar a los alumnos académicamente y fortalecer su relación con Dios, cultivando en ellos un espíritu de servicio.

Desde su fundación, la escuela fue concebida como el ancla de la diversa parroquia de San Patricio. Un feligrés, el Sr. Edward McLaughlin, dejó un legado a la Arquidiócesis de San Francisco que especificaba su construcción. El Párroco, el Padre Richard Collins, construyó la escuela y solicitó que las Hermanas de la Presentación de la Santísima Virgen María la administraran y se encargaran de su personal, lo cual hicieron durante sesenta años.

La Hermana Michele Anne Murphy PBVM, una de las últimas monjas de la Congregación de la Presentación en enseñar en la escuela (de 1973 a 1978), recuerda la institución como un lugar vibrante, lleno de familias muy unidas. Recordó, “¡Éramos una comunidad muy feliz! Los padres que trabajaban en el centro de la ciudad compartían coche y mantenían una estrecha colaboración con el profesodaro para que sus hijos pudieran recibir una educación católica.” Recuerda con cariño el ambiente inclusivo de la escuela, sus celebraciones, el gran apoyo de los padres y su compromiso con las personas más desfavorecidas.

La cohesión de la escuela se refleja quizás mejor en las palabras de Martha Angeles, quien lleva muchos años vinculada a ella: “San Patricio ha sido, en esencia, el pequeño universo en el que ha crecido mi familia,” reflexionó. “Es un lugar donde todos participan, colaboran y se preocupan de verdad.” Los nietos de Martha son ahora la segunda generación de su familia en asistir a San Patricio. Expresó, “Espero que la verdadera esencia del espíritu comunitario de San Patricio —la generosidad, el espíritu de unidad— perdure a medida que la escuela crece y se transforma.”

El Impacto de una Escuela en sus Líderes

La Directora Lara Guzmán percibió de inmediato el espíritu de unidad de la escuela al asumir su cargo hace dos años. Relató, “Cuando llegué a San Patricio, dediqué mucho tiempo simplemente a escuchar.” De esas conversaciones, surgió la prioridad principal de la comunidad: fortalecer las relaciones. “Cada semana, el personal identificaba una relación en particular para cultivar intencionalmente: con Dios, con nuestros alumnos y sus familias, con la parroquia, con las Hijas de la Caridad e incluso con nuestras propias familias y amigos.” Lara sigue siendo testigo de cómo esta sencilla práctica está transformando la forma en que la escuela trabaja y ora en conjunto.

Esta práctica también transformó a Guzmán a nivel personal. “Comencé a ir más despacio, a escuchar con mayor atención y a reconocer a Cristo en los rostros y las historias de las personas a las que servía.” Compartió, “Mi relación con Cristo se ha arraigado más en el encuentro, la paciencia y la humildad.” Espera que las futuras generaciones experimenten una transformación continua a través de la educación católica. “Mi oración es que cada estudiante que cruce nuestras puertas encuentre a Cristo, crezca académicamente y aprenda lo que significa servir con amor.”

Arraigados en la Historia, Renovados Para el Futuro

La exdirectora Olga Islas, quien ocupó el cargo durante muchos años y actualmente es Subdirectora Diocesana de Formación en la Fe, recuerda haber conocido a “padres que amaban profundamente a sus hijos y estaban dispuestos a sacrificar lo poco que tenían por la educación de sus hijos.” El Padre Justin Le expresó, “Durante generaciones, la Parroquia de San Patricio ha sido un lugar donde los niños se acercan a la fe, las familias encuentran apoyo y la comunidad en general experimenta la presencia de la Iglesia. Este legado es valioso y merece ser renovado y ampliado para el próximo siglo.”

Reconoció la posición privilegiada de la parroquia y la escuela. “En una ciudad en constante cambio, las familias necesitan una comunidad que las acompañe, espiritual, académica y pastoralmente. La Parroquia de San Patricio está en una posición para lograrlo”.

Fiel a su historia centenaria, la Escuela San Patricio sigue siendo un lugar donde cada estudiante aprende que el servicio es una forma de vida, y donde la comunidad busca activamente a quienes se encuentran en los márgenes, al mismo tiempo que procura fortalecer sus propias relaciones entre sí y con Cristo.


Obtenga más información sobre las Escuelas Católicas en la Diócesis de San José: https://www.dsj.org/catholicschools/