| Por Marissa Nichols

Cristo Encarnado

Cuatro Historias de la Clase Récord de OICA en Stanford

El Padre Bartholomew Hutcherson, O.P., quien ha dedicado más de tres décadas a servir a los jóvenes adultos, fue testigo de algo extraordinario durante el Rito de la Iniciación del año pasado: fue la primera señal pública del gran número de estudiantes y exalumnos de Stanford que recorrían juntos el camino hacia la Iglesia.

“Fue algo casi abrumador,” recordó el Padre Bart, al ver cómo meses de conversaciones, preguntas y búsqueda espiritual comenzaban a dar fruto. Entre la Vigilia Pascual y la Confirmación de Adultos, Stanford vio a 46 estudiantes y jóvenes adultos iniciarse plenamente en la Iglesia esta Pascua. El año anterior fueron 14, y en los últimos 30 años el promedio había sido de 4 bautismos de adultos. En 2026, 16 adultos fueron bautizados, 10 fueron recibidos en la Iglesia y 20 católicos recibieron la confirmación.

Más allá de las cifras récord, tanto para el Padre Bart como para Oriana Li Halevy, Directora de Formación en la Fe para Adultos, esta afluencia de candidatos y catecúmenos confirmó una profunda convicción sobre el ministerio del Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OICA).

Oriana, quien participó personalmente en el programa OICA de Stanford, explicó, “Quienes buscan iniciarse plenamente en la fe necesitan mentores y acompañantes espirituales dispuestos a tomarse en serio sus preguntas y a caminar pacientemente con ellos a través de todas las dimensiones de la vida.” Esta sabiduría se confirmó en los recorridos de Obi Nnorom Jr., Jacob Rivera, Quinn Healy y Elizabeth Jerstad, todos los cuales fueron recibidos en la Iglesia Católica durante la Vigilia Pascual.


 

Obi Nnorom Jr.:

El Catolicismo, sin duda, se fue abriendo paso en mi vida poco a poco.”

Hace dos años, Obi Nnoroum comenzó a cuestionar sus creencias. Empezó a orar y a leer la Biblia, así como argumentos a favor de la existencia de Dios provenientes de diversas tradiciones de fe. Ocasionalmente, se topaba con Youtubers Católicos. Hasta entonces, admite, “nunca había pensado ni oído hablar de la historia de la Iglesia,” comentó. “Desconocía por completo a todos los doctores, santos y mártires que hicieron posible que la fe llegara hasta mí hoy.”

Criado como protestante no denominacional, al principio le sorprendió descubrir que existía un proceso formal para convertirse al Catolicismo. Obi reconoce que, incluso después de unirse al OICA, seguía teniendo muchas dudas sobre su ingreso en la Iglesia. “Sentía que mi intelecto iba más avanzado que mi corazón.”

Sin embargo, cada reunión semanal con su nueva comunidad fortalecía su determinación de convertirse al Catolicismo. “Hice buenos amigos gracias al OICA, y eso hizo que toda la experiencia fuera mucho mejor. Confirmó mi decisión de entrar en la Iglesia.” Sobre todo, el año de formación en el OICA dio tiempo a su corazón para ponerse al día con su mente. Para Obi, “El Catolicismo, sin duda, se fue abriendo paso en mi vida poco a poco.”


 

Jacob Rivera

“Necesitaba llegar al fondo de lo que realmente era verdad,”

Cuando Jacob Rivera llegó a Stanford en 2022, el mundo pospandémico parecía estar convulsionado. Recordó, “Todas las instituciones parecían hacer afirmaciones morales contrapuestas, y mis compañeros de clase y profesores tenían puntos de vista tremendamente divergentes sobre lo que era verdad, lo que era justo y para qué servía la vida humana. Necesitaba llegar al fondo de lo que realmente era verdad.”

Se inscribió en cursos de filosofía y teología, y leyó a los Padres de la Iglesia primitiva. Sin embargo, muy pronto el Cristianismo dejó de ser algo meramente intelectual. Se convirtió en un encuentro con un Dios que entró de lleno en la experiencia humana. “Esa certeza es algo que ninguna filosofía por sí sola podría haberme dado,” reflexionaba. “Requería un Dios que se hiciera hombre.”

También descubrió su anhelo de compañía espiritual. “Descubrí que necesitaba la comunidad Cristiana encarnada,” compartió. Su padrino, Luke Smith, lo acompañó durante todo el proceso, y las historias de otros participantes del OICA también lo inspiraron profundamente.

“Compartir con personas que habían lidiado con la duda, la resistencia familiar y la simple dificultad de creer hizo que mi propio razonamiento dejara de parecer un logro personal para percibirse más bien como un hilo dentro de algo mucho mayor.” Jacob comentó, “Escuchar estas historias semana tras semana hacía que la Iglesia se sintiera Católica [universal] en el sentido literal: algo más amplio y sorprendente de lo que yo había imaginado, y con la amplitud justa para acogernos a todos.”


 

Quinn Healy

“Mi valor proviene de Cristo, no de mis logros.”

Quinn Healy, estudiante y deportista de Stanford, comenzó a explorar el Cristianismo como parte de una búsqueda más amplia de autenticidad. Ella comentó, “Siempre había otra meta que perseguir, y empecé a cuestionarme dónde estaba depositando realmente mi identidad y mi propósito.” Se sintió cada vez más atraída por Jesús, “especialmente al saber que mi valor proviene de ser conocida y amada por Él, y no simplemente de mi rendimiento o mis logros.”

La enseñanza de la Iglesia sobre la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía hizo que todo cobrara sentido para ella. “Por primera vez,” dijo, “sentí que había encontrado algo duradero; no otro logro que perseguir, sino una relación con Cristo que aportaba a mi vida un sentido más profundo de paz, propósito y plenitud.” El OICA se convirtió también en un espacio donde podía desacelerar, conectar con los demás y cultivar una relación con Jesús.

“Al finalizar el proceso, incorporarme a la Iglesia me resultó algo muy natural y seguro.” Sus padres también fueron bautizados en la Iglesia Católica al mismo tiempo, aunque en una parroquia distinta. Para Quinn, “Poder compartir ese camino en familia fue algo increíblemente especial.”


 

Elizabeth Jerstad

“En lugar de aprensión, sentí la gracia de Dios.”

Al principio, Elizabeth Jerstad estaba convencida de que nunca se haría Católica. Luego comenzó a asistir a Misa con su novio y a acercarse con miembros de la comunidad Católica de Stanford. “Fuera de la Misa, examiné por mi cuenta mis creencias más arraigadas y me di cuenta de que gran parte de lo que creía saber sobre el Catolicismo era erróneo. La belleza y la reverencia de la fe Católica me cautivaron, y ya no quise descartarla.”

Como Luterana, le costaba aceptar la doctrina de la Presencia Real. El OICA se convirtió en un espacio seguro para plantear sus duda. “Lo que viví en el OICA disipó mis dudas. En lugar de aprensión, sentí la gracia de Dios ayudándome a derribar las barreras que me impedían abrazar las verdades de la fe.” También guarda gratitud hacia las personas con las que compartió su camino en el OICA. “Sobre todo, escuchar los testimonios de mis compañeros de grupo fue una verdadera alegría y sigue siendo para mí una fuente constante de inspiración.”


 

Cristo Encarnado

El Padre Bart reflexionó sobre este año de cifra récord de neófitos, “Me he sentido como un padre orgulloso al ver a estos jóvenes avanzar hacia los sacramentos de iniciación. Esto me hizo más consciente de la obra del Espíritu Santo al ver cómo sus dones y frutos se manifestaban en sus vidas.” Como nuevos miembros del Cuerpo de Cristo, Elizabeth, Quinn, Jacob y Obi compartieron sus reflexiones sobre sus transformaciones personales.

“Lo describiría como una evolución hacia una comprensión más plena de Cristo encarnado,” dijo Elizabeth. “Las enseñanzas Católicas sobre la importancia de los sacramentos físicos, especialmente la Sagrada Eucaristía, transformaron profundamente mi comprensión de la relación que podía tener con Jesús en esta vida.” Quinn compartió cómo ha cambiado su perspectiva: “He tomado mucha más conciencia de que mi valor proviene de quién soy en Cristo, no solo de lo que logro.”

Obi ha descubierto nuevas profundidades en su vida espiritual a través de prácticas devocionales como la meditación sobre los misterios del Rosario. “Han sido estas meditaciones y las oraciones de la Iglesia las que, poco a poco, me han llevado a profundizar en mi relación con Cristo.” Para Jacob: “Lo que más ha cambiado es el consuelo que encuentro al saber que mi Dios conoce mi lucha. No hay rincón de mi propia ansiedad o debilidad en el que Él mismo no haya entrado ya. Él me conoce y me ama a pesar de todo.”

De esta forma, al caminar juntos, los neófitos de Stanford también se han convertido en Cristo encarnado en comunidad. Oriana confirmó esto sobre el camino del OICA: “Se trata también de llegar a ser una comunidad Católica vibrante en la que compartimos con amor las cargas, alegrías, luchas y esperanzas de los demás, y en la que los propios estudiantes crecen hasta convertirse en miembros activos del Cuerpo de Cristo que, a su vez, comienzan a servir y a guiar a otros.”


El P. Bart Hutcherson, OP, es un Fraile Dominico que ejerce como párroco de la Comunidad Católica de Stanford. En los últimos 40 años, ha trabajado en diversos ministerios dirigidos a jóvenes, adultos jóvenes y universitarios. Es un fotógrafo aficionado al que le encanta capturar la belleza con su cámara.

La trayectoria de Oriana Li Halevy abarca el derecho corporativo, la consultoría de negocios internacionales, la inversión en tecnología y la traducción. Ocupa cargos de liderazgo en organizaciones vinculadas a Harvard y Silicon Valley, y desde 2021 colabora con la Comunidad Católica de Stanford en las áreas de liturgia, liderazgo del OICA y mentoría.

Quinn Healy es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad de Stanford e integrante del equipo femenino de waterpolo de la misma institución. También compite a nivel internacional con la selección de Estados Unidos y disfruta de las caminatas largas, de pasar tiempo con su familia y de explorar su fe.

Jacob Rivera es un estudiante de último año en la Universidad de Stanford que cursa la licenciatura en Ciencias de la Gestión e Ingeniería, una especialización secundaria en Ética y un certificado en Estudios Judíos. A Jacob le gusta pasar tiempo con su familia, leer literatura clásica y jugar al voleibol de playa.

Elizabeth Jerstad se graduó de la Universidad de Stanford en 2025 con una licenciatura en Relaciones Internacionales, obteniendo honores en Democracia, Desarrollo y Estado de Derecho. Trabaja en OpenAI y es feligresa de la parroquia de Santo Domingo en San Francisco.

Obi Nnorom, Jr. es candidato a doctorado en Ingeniería Informática en la Universidad de Stanford, donde también obtuvo una maestría en Ingeniería Eléctrica. Originario de Cave Creek, Arizona, Obi es actualmente un miembro activo de la Comunidad Católica de Stanford.

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