| Por El Obispo Oscar Cantú

Participación Activa y Consciente en la Eucaristía

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

La Eucaristía está en el corazón de nuestra fe. Manifiesta el profundo amor de Dios y su acción redentora en favor del mundo, un misterio sagrado que nutre nuestros corazones y nos fortalece para el camino de la vida y la fe. Pero para que la Eucaristía moldee plenamente nuestras vidas, debemos entrar en el misterio con intención y conciencia de lo que está sucediendo en los rituales en los que participamos.

En el Concilio Vaticano II (1962-1965), los obispos de todo el mundo discutieron asuntos centrales para la vida de la Iglesia. Redactaron y promulgaron dieciséis documentos, incluidas cuatro constituciones, que en la Iglesia tienen el mayor peso de autoridad. Una de ellas fue Sacrosanctum Concilium, la Constitución Sobre la Sagrada Liturgia, resultado de su discernimiento sobre cómo la liturgia podría mejor involucrar a los fieles en la acción profunda y redentora de Cristo en la liturgia.

A lo largo de los siglos, la liturgia Romana se había embellecido tanto que se había convertido en un ritual casi privado del sacerdote, relegando a la asamblea a la observación pasiva y a las oraciones privadas. Los obispos discernieron y decidieron restaurar los rituales eucarísticos a la elegante simplicidad de las liturgias de la iglesia primitiva para que “se haga más fácil la piadosa y activa participación de los fieles” (SC 50). El documento explica:

“Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada” (SC 48, énfasis mío).

¿Qué significa para nosotros hoy en día? La participación activa en la Misa no significa necesariamente una actividad externa, como cantar en el coro, leer durante la Misa o algún otro ministerio litúrgico. Si bien estos ministerios litúrgicos son valiosos y necesarios, los obispos del Vaticano II tenían algo mucho más profundo en mente. La constitución explica:

“[Que todos] sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos” (SC 48).

Como explica la cita, nuestra participación interior, la manera en que entramos profundamente en el misterio de la Eucaristía, es esencial. Debemos escuchar con el corazón abierto a lo que Dios nos dice a través de la Escritura y lo que se explica en la homilía. Debemos reflexionar sobre su palabra y dejar que ella moldee nuestras vidas. Debemos ser conscientes de que Cristo se ha hecho realmente presente en forma de pan y vino para nutrir y fortalecer nuestras almas, corazones y mentes. Debemos ofrecernos a nosotros mismos. Cuando el pan y el vino se presentan en el altar para la consagración, nos damos cuenta de que ellos (el pan y el vino) nos representan a nosotros: nuestras vidas, nuestras oraciones, nuestro trabajo, nuestros sacrificios y nuestras esperanzas, que colocamos espiritualmente en el altar para que se transformen junto con el pan y el vino y se unan a la ofrenda y sacrificio de Cristo mismo.

Esto es precisamente lo que significa participar consciente y activamente en la liturgia, a medida que somos atraídos “día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí” (SC 48).

Mientras preparamos nuestros corazones para la Pascua, los invito a profundizar su comprensión del misterio de la Eucaristía. En los próximos meses, nuestra diócesis brindará oportunidades de estudio, diálogo y reflexión, tanto en nuestras parroquias como en nuestro segundo Congreso Eucarístico Diocesano anual este otoño. Los animo a sumarse a estos esfuerzos para que podamos nutrirnos verdaderamente de los sagrados misterios en los que participamos.

Tengan por seguro que rezaré por ustedes, especialmente en la Eucaristía.

Obispo Oscar Cantú