Caminando Juntos Para Encontrar, Escuchar, y Discernir

Caminando Juntos Para Encontrar, Escuchar, y Discernir

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

Hemos llegado al final de nuestro Jubileo Diocesano, celebrando nuestro 40o aniversario. También cerramos el Año de San José, el cual Papa Francisco anunció providencialmente y coincidió con nuestro Jubileo Diocesano.

El Jubileo en Tiempo de Pandemia

Si bien nuestras celebraciones fueron limitadas debido a la pandemia, ¡las aprovechamos al máximo! Algunos feligreses participaron en persona, otros virtualmente, y algunos leyeron o se informaron por medio de otros. Lo importante es que le agradecimos a Dios por 40 años de fe y ministerio en la Diócesis de San José. Recordamos el hermoso e histórico pasado, especialmente en una hermosa publicación de The Valley Catholic; reconocimos la diversidad del presente; y “caminamos juntos en la esperanza” con imaginación y oración hacia el futuro.

Ofrezco mi más profunda gratitud al Padre Hao Dinh y al Comité del Jubileo por planear y coordinar las diversas celebraciones a lo largo del año. Tuvieron que lidiar con muchos cambios debido al COVID y, sin embargo, se adaptaron con alegría y creatividad.

¿Y ahora qué?

Ya que hemos celebrado con alegría- incluso en medio de los desafíos de la pandemia- 40 años de fe y ministerio en la Diócesis de San José, algunos pueden preguntarse, “¿y ahora qué?” Pues ahora tomamos las bendiciones y los recuerdos de este año y los llevamos a lo que Dios tiene reservado para nosotros el próximo año, ¡de hecho, los próximos 10 años!

Preparación para el 50o Aniversario

El septiembre pasado, en la Convocación Sacerdotal de Otoño, invité a nuestros sacerdotes a imaginar cómo será la Diócesis de San José en 10 años. ¿Qué espera Dios de nosotros en los próximos 10 años? ¿Cómo podemos en nuestras parroquias, escuelas, organizaciones y ministerios llevar la Buena Nueva de Cristo a más personas?

Empezamos con Oración

Para comenzar a prepararnos a nosotros mismos y a nuestra Diócesis para nuestro 50º Jubileo, invito a todos - laicos, religiosos y clérigos - a participar en un Año de Oración para convocar al Espíritu Santo en nuestro proceso de discernimiento. El Espíritu Santo inspira, fortalece y guía a la Iglesia, y debemos escuchar con espíritu de oración para que nuestra Diócesis pueda iniciar un viaje de fe que es “siempre antiguo, siempre nuevo.” El Papa Francisco nos recuerda que Dios es el Dios de las sorpresas. Es dentro de la oración que podemos preparar nuestro corazón y nuestros “oídos espirituales” para escuchar su voz y responder con valor, asombro, fe y celo.

Recordamos cómo Abraham, incluso en una edad madura, fue llamado a dejar su casa y empezar un viaje dirigido por Dios. Abraham no estaba al tanto de los detalles del plan de Dios, pero no importaba: Abraham confiaba en Dios. ¡Y Dios ciertamente demostró ser digno de confianza, aunque la fe de Abraham fue probada hasta el límite!

Además, recordamos cómo Dios atrajo a Moisés a través de su fascinación por la zarza ardiente. Moisés no solo se sintió abrumado por el misterio de la zarza ardiente, fue llevado a una misión: rescatar al pueblo de Dios. “He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos…” Dios le declara a Moisés.

Nosotros también somos invitados a ser testigos y a escuchar. Escuchar a Dios hablar a través de su pueblo; no en Egipto, sino en Silicon Valley, en el Valle de Santa Clara; no hace 4.000 años, sino aquí y ahora. Se aproximan dos oportunidades para que la Iglesia encuentre y escuche al pueblo de Dios aquí y ahora: el Sínodo Universal del Papa y nuestro primer Sínodo Diocesano.

Sínodos: Un Proceso Para Encontrar, Escuchar y Discernir

¿Qué es un Sínodo? Un sínodo es una reunión de la Iglesia en la que buscamos determinar cómo y a dónde nos está guiando el Espíritu Santo en este momento de la historia. Un sínodo a menudo tiene varios niveles consultivas e implica un proceso que abarca varios meses o más. El Papa Francisco nos ha dado una metodología a seguir en el proceso sinodal: encontrarnos como hermanos y hermanas; escuchar profundamente el uno al otro, escuchar las historias de los demás; y después discernir lo que el Espíritu Santo nos está diciendo a través de estos encuentros, historias y experiencias.

Sínodo Universal: El Papa Francisco ha pedido un sínodo universal con elementos locales y universales. Nosotros, en la Diócesis de San José, participaremos en este sínodo universal en la primavera de 2022. El Papa Francisco presentó dos preguntas fundamentales para guiar el Sínodo sobre la Sinodalidad, es decir “caminar juntos”. ¿Cómo se lleva a cabo hoy en día el "caminar juntos" a diferentes niveles (desde el nivel local al nivel universal), permitiendo a la Iglesia anunciar el Evangelio? Y "¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu Santo para crecer como Iglesia sinodal?" He nombrado un coordinador diocesano para la importante tarea de encontrar, escuchar y discernir. A principios de la primavera de 2022, se publicarán oportunidades específicas para encontrar y escuchar en los boletines de su parroquia, en el sitio web diocesano y en nuestras redes sociales.

Sínodo Diocesano: No solo participaremos en el sínodo universal en unos pocos meses, sino que en preparación para nuestro 50o aniversario, los invito a todos- laicos, religiosos y clérigos- a participar en nuestro primer Sínodo Diocesano que comenzará en Adviento 2022. En este Sínodo Diocesano, los invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas, “¿Dónde debe estar nuestra Iglesia local de San José en 10 años para vivir y proclamar el Evangelio de Jesucristo de manera efectiva en el Silicon Valley del futuro? Además, para ser fieles a la misión de Jesucristo, ¿qué debemos hacer de manera diferente? ¿Qué talentos podemos aprovechar? ¿Qué obstáculos debemos superar? ¿Necesitamos pasar de los ministerios antiguos a los nuevos? Todas son preguntas amplias y estoy seguro de que, con una oración atenta, habrá varias ideas creativas para ofrecer. Traeremos esas ideas a la superficie y empezaremos un proceso para discernir la voz del Espíritu Santo entre tantas voces.

El Sínodo Diocesano no será un proceso sencillo. Es por eso que pido un año de oración en preparación para este proceso sinodal Diocesano para que nuestros corazones estén abiertos al Espíritu Santo.

El Año 2031 y Nuestra Señora de Guadalupe

Durante nuestro año de oración, también los invito a reflexionar sobre el hecho de que nuestro 50o aniversario como Diócesis coincidirá con el 500o aniversario de las apariciones de La Virgen María en lo que hoy es la Ciudad de México. En esas apariciones, María modela lo que ahora llamamos la “nueva evangelización”, algo importante que debemos considerar al mirar hacia el futuro de nuestra Diócesis.

Muchos de ustedes están familiarizados con los eventos, circunstancias y contexto de las apariciones de María a San Juan Diego en 1531. En resumen, había pasado poco más de una década desde la llegada de los españoles al “Nuevo Mundo” donde ahora es México. El clero llegó con los exploradores y comenzó a evangelizar con los métodos conocidos de la época. Antes del las apariciones de La Virgen María en 1531, la población indígena aceptó de forma muy limitada la fe.

María utilizó métodos nuevos y diferentes para invitar a los indígenas a la fe. Primero, habló con Juan Diego en su propio idioma, el náhuatl. La decoración de su vestido y su velo estaba impresa con los jeroglíficos utilizados por los indígenas- de esta forma su mensaje estaba fácilmente disponible para las poblaciones nativas. Ella le habló con ternura maternal, ¡incluso había música de fondo y pájaros cantando! Todo esto revela un contexto de respeto, paz y alegría cuando María pronunció el Mensaje del Evangelio. Tras su visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el Papa Francisco declararía que “en la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar fuera.”

María pidió que se construyera un templo en el mismo cerro en la que se le apareció a Juan Diego, un hombre casado de 57 años. Cuando María le pidió a Juan que le llevara ese mensaje al obispo local, él se negó, y señaló que no era una persona educada, que probablemente el obispo no lo escucharía. Sin embargo, María se mantuvo firme e insistió, "es muy importante que tú lleves este mensaje al obispo". María pudo haberse aparecido directamente al obispo o haber elegido a una persona más erudita para llevar su mensaje al obispo. Pero el punto de María es que cada uno de nosotros, sin importar nuestro origen o condición en la vida, estamos llamados al trabajo de la evangelización.

Por fin cuando el obispo creyó en el mensaje de Juan Diego y veneró la imagen milagrosa de María que ella dejó en el manto de Juan, Juan Diego se convirtió, efectivamente, en el catequista y evangelizador de los pueblos originarios. Él relató sus conversaciones y el mensaje de María de amor, ternura, preocupación maternal, señalando a su Hijo e invitando a las poblaciones nativas a adorar al Único Dios Verdadero. Millones de indígenas se convirtieron a la fe a través del testimonio de uno de los suyos, San Juan Diego, y del mensaje de María, quien inculturó el mensaje del Evangelio y habló de manera creíble a Juan Diego con el mensaje tierno y amoroso de Jesucristo. Ella, además, dejó su imagen milagrosa, que sirvió efectivamente como códice para los indígenas, confirmando el mensaje compartido con Juan Diego por La Virgen María.

En las últimas décadas la Iglesia ha hablado de la “Nueva Evangelización,” proclamando el Evangelio de Jesucristo con nuevos métodos, nuevo lenguaje y nuevo vigor. ¡María, Nuestra Señora de Guadalupe, precede la Nueva Evangelización de la Iglesia por 500 años! Usó un método muy diferente y efectivo, un nuevo lenguaje de ternura, verdad y belleza, y un vigor que cambió la vida, la autopercepción y la dignidad de un laico indígena pobre quien se convirtió en evangelizador y catequista de su propio pueblo.

Aunque María utilizó nuevos métodos, lenguaje y vigor, respetó la estructura de la Iglesia que Jesús había establecido, es decir, el papel del obispo. Quería que Juan llevara su mensaje a la jerarquía de la Iglesia para que tanto los laicos como el clero pudieran cumplir con sus respectivos trabajos. El trabajo del laico bautizado, aunque distinto al del clero, es igual en dignidad e importancia cuando se hace en comunión.

Por lo tanto, pregunto, ¿qué podemos aprender 500 años después de la metodología de María?

¿Cómo podemos proclamar la verdad del Evangelio en el siglo XXI en Silicon Valley con ternura, belleza y amor, de manera que los corazones de las personas se conmuevan y sus vidas se transformen a medida que llegan a conocer y amar al Único Dios Verdadero y a su Hijo Jesucristo? Que esto sea parte de nuestra oración durante el próximo año.

Así como María se conturbó cuando el Ángel Gabriel le compartió el mensaje que iba a ser la Madre de Dios, finalmente pudo decir con paz y gozo: “Hágase en mí según tu palabra. ”

¡Aceptemos la invitación del Espíritu Santo a iniciar este camino de sínodos y participemos, como San Juan Diego, en la evagelización del amor transformador de Jesucristo!

Suyo en Cristo,

Oscar Cantú

Obispo de San José